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LA FE SIN INTIMIDAD NO ES FE

 

CITA BÍBLICA: Lucas 18:7-8. 7 Pues bien, ¿acaso Dios no defenderá también a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Los hará esperar?8 Les digo que los defenderá sin demora. Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará todavía fe en la tierra?"

 

INTRODUCCION: Nos deja pensativos lo que Lucas 18:8 nos dice. ¿A que se refería el Señor con esto? Al observar la iglesia de hoy, pienso que ninguna otra generación ha estado tan centrada en la fe como la nuestra. Multitudes de cristianos asisten a reuniones para ser levantados y entusiasmados por un mensaje acerca de la fe que muchos hablan hoy en día. Tristemente, lo que la mayoría de personas consideran como fe en la actualidad no es fe en absoluto. En efecto, Dios rechazara mucho de lo que es llamado y practicado como fe. Simplemente no lo aceptara. ¿Por que? Es una fe corrompida. La fe que muchos predican, está atada a la tierra, arraigado en este mundo, materialista. Anima a los creyentes a orar, “Señor, bendíceme, prospérame, dame.” No consideran las necesidades de un mundo perdido. Esta clase de fe no es la que Dios esta deseando de nosotros. No puede haber ganancia si no hay santidad. Nuestro enfoque es acerca de aquellos que verdaderamente aman a Jesús y quieren vivir por fe, agradándole a él. El mensaje es: toda fe verdadera nace de la intimidad con el Señor, si tu fe no sale de esa intimidad, no es fe a su vista.

 

A.  HEBREOS 11 HABLA DE UN PATRON BIBLICO DE INTIMIDAD: No es posible tener una fe que agrada a Dios sin compartir intimidad con El. ¿Qué quiero decir con intimidad? Añorar a Dios te hace estar cerca de El. Es un vínculo personal, una comunión. Viene cuando deseamos al Señor más que cualquier otra cosa en esta vida. Veamos unos ejemplos de siervos llenos de fe que caminaron cerca de Dios, como fueron mencionados en Hebreos 11.

 

1. Abel: Por fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio mejor que el que ofreció Caín, y por eso Dios lo declaró justo y le aceptó sus ofrendas. Así que, aunque Abel está muerto, sigue hablando por medio de su fe. (Hebreos 11:4) (DHH). Abel tuvo que construir un altar al Señor, en el lugar donde hacia sus sacrificios. Y el no ofrecía tan solo corderos sin mancha para el sacrificio, sino que también la grosura de esos corderos. 4Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; (Gen. 4:4) (RV). ¿Qué significa lo mas gordo aquí? grosura. 16 Luego el sacerdote quemará todo esto sobre el altar, como ofrenda de alimento quemada, de aroma agradable. Toda la grasa es para el Señor. (Lev. 3:16) (DHH). La grosura era la parte del sacrificio que hacia ascender un aroma dulce. Esta parte del animal se encendía rápidamente y era consumido, trayendo un aroma dulce. El Señor dijo no se comerán la grasa ni la sangre. La grosura es del Señor y es, como un tipo de oración o comunión aceptable a Dios.

a.  Tipo de oración o comunión que es aceptable a Dios: Representa nuestro ministerio al Señor en la habitación secreta de oración. Y el Señor mismo dice que tal adoración íntima sube a él como un aroma dulce y agradable. En Abel vemos este tipo de adoración permitiendo que el sacrificio y la grosura fueran consumidos en el altar del Señor. Eso significa que él esperó en la presencia de Dios hasta que su sacrificio subió al cielo. Por esta razón Abel aparece en la lista de la sala de la fe en Hebreos 11. Él es el tipo de siervo que estaba en comunión con el Señor, ofreciéndole a Dios lo mejor que tenia. El ejemplo de Abel vive hoy como testimonio de una fe viviente y verdadera, “estando muerto, todavía habla.”

 

b. ¿Cómo obtuvo Abel tal fe? Piensa en las conversaciones que el escucho entre sus padres, Adán y Eva. La pareja obviamente hablaba de sus primeros días en el jardín con el Señor. Sin duda, ellos mencionaron sus tiempos de comunión maravillosa con Dios, caminando y hablando con él durante el atardecer. Probablemente Abel pensó, “Que maravilloso debió ser. Mi padre y mi madre tuvieron una relación viva con el Creador mismo.” Considerando esto, quizás tomo una decisión en su corazón: determino que no viviría de la historia de sus padres. No se podía conformar con una mera tradición pasada a él. Él necesitaba tener su propio toque de Dios. Quizá se dijo a sí mismo: “Quiero una relación con él, tener compañerismo y comunión con él.” De allí nace la fe de Abel.

c. Grosura:  Esta clase de “grosura” debemos ofrecerle a Dios ahora. Dar a Dios lo mejor de nuestro tiempo. Debemos pasar tiempo suficiente a solas, en su presencia, permitiéndole que consuma nuestras ofrendas de adoración y compañerismo íntimo. Compara la ofrenda de Abel con la de su hermano. Caín le llevó fruta al Señor, una ofrenda que no requería un altar. No había grosura, ni aceite, nada para ser consumido. Entonces, no hubo aroma dulce que subiera al cielo. En otras palabras, no hubo intimidad, ningún intercambio personal entre Caín y el Señor. Dios honró su sacrificio, pero el Señor mira el corazón, y él sabia que Caín no añoraba estar en su presencia. Caín representa a muchos cristianos en la actualidad, que van a la iglesia cada semana, adorando a Dios y pidiéndole que les bendiga y prospere. Pero ellos no tienen desean intimidad con el Señor. Quieren que Dios les conteste sus oraciones, pero no desean una relación con él. No buscan su rostro ni añoran su comunión. Como Caín, no tienen deseos de quedarse en su presencia.

 

B. INTIMIDAD CON DIOS: Mientras más cerca estamos del Señor, más grande nuestro deseo de vivir totalmente en su presencia y esto, nos separa grandemente del mundo. Además, comenzamos a ver más claramente que Jesús es nuestro único y verdadero fundamento.

 

2. Abraham: 8 Por fe, Abraham, cuando Dios lo llamó, obedeció y salió para ir al lugar que él le iba a dar como herencia. Salió de su tierra sin saber a dónde iba, 9 y por la fe que tenía vivió como extranjero en la tierra que Dios le había prometido. Vivió en tiendas de campaña, lo mismo que Isaac y Jacob, que también recibieron esa promesa.10 Porque Abraham esperaba aquella ciudad que tiene bases firmes, de la cual Dios es arquitecto y constructor. (Hebreos 11:8-10) (DHH). Las Escrituras dicen que el mundo era “un lugar extraño” para él. No era para echar raíces. Abraham no era un místico con aires de santidad y vivía en una burbuja espiritual. El vivió una vida sencilla, profundamente involucrado en los asuntos del mundo. Dueño de miles de cabezas de ganado, tenía suficientes sirvientes como para formar una pequeña milicia, tuvo que ser un hombre muy ocupado, dirigiendo a sus sirvientes y comprando y vendiendo ganado, ovejas y chivos. A pesar de sus responsabilidades, Abraham encontró tiempo para tener intimidad con el Señor. Como caminaba bien cerca con Dios, estaba cada vez más insatisfecho con este mundo. Rico, prospero. Sin embargo, nada en esta vida podía apartaba de anhelar cada día, la ciudad celestial que estaba adelante.

 

a. ¿Cuál era la ciudad celestial? La palabra hebrea para “ciudad celestial” es Pater, significa Padre. Así que la ciudad celestial que Abrahán buscaba era, un lugar con el Padre. ¿Qué significa esto para nosotros hoy en día? Significa que movernos hacia esa ciudad celestial no es solamente lograr el cielo alguno día en el futuro. Es acerca de anhelar y experimentar diariamente la presencia del Padre ahora mismo. El mundo para Abraham, simplemente no era su hogar. Esto no significaba que el estaba esperando hasta llegar al cielo para disfrutar de cercanía con el Padre. NO, como peregrino pasando por esta vida, el continuamente buscaba la presencia de Dios. Nada en este mundo podía detenerlo de seguir adelante. Por su fiel ejemplo, es como estar diciendo, “Estoy buscando un lugar mas cercano a mi Padre”. Y ese lugar esta más allá de lo que este mundo tiene que ofrecer. ¿Cuál es ese lugar?

 

b.  Es el lugar donde vivimos ahora: Ese lugar, esa ciudad, esta en Cristo por fe. El descanso que nuestros padres anhelaban se encuentra en él. Hoy hemos recibido la promesa que ellos tan solo podía ver y abrazar de lejos por fe. Jesús dijo, 54 Jesús les contestó: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria no vale nada. Pero el que me glorifica es mi Padre, el mismo que ustedes dicen que es su Dios. 55 Pero ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco; y si dijera que no lo conozco, sería yo tan mentiroso como ustedes. Pero ciertamente lo conozco, y hago caso de su palabra. 56 Abraham, el antepasado de ustedes, se alegró porque iba a ver mi día; y lo vio, y se llenó de gozo. (Juan 8:54-56). Abrahán vio el día cuando Cristo vendría a la tierra y construiría el cimiento que él imaginó. Y el patriarca se regocijo al saber que un pueblo bendecido viviría en ese día. Él sabía que ellos disfrutarían acceso ininterrumpido a una conversación celestial y comunión con Dios. Hoy, sin embargo, muchos cristianos están perdiendo esta promesa por completo. Se apresuran de aquí para allá, tratando de trabajar una fe que “de resultados.” Están constantemente atrapados en un correr de actividades, haciendo cosas para Dios que al final son simplemente gravosas o cargas. Ellos nunca están en descanso pleno en Cristo. ¿Por qué? No se encierran con el Señor, para pasar un tiempo callado a solas con él.

 

CONCLUSION: Si estas enamorado de alguien, quieres estar en la presencia de esa persona. Ambos quieren compartir de sí mismos con el otro, abriendo sus corazones y siendo íntimos. Lo mismo es cierto de nuestra relación con Jesús. Si le amamos, debemos estar pensando constantemente, “Quiero estar contigo mi Señor. Quiero disfrutar su presencia. Así que me voy a acercar a él, y voy a esperar en su presencia hasta que sepa que él esta satisfecho. Me quedare hasta que le escuche decir, “Vete ahora, y regocíjate en mi amor.”