ANDAD EN AMOR

CITA BÍBLICA: 1ª. Corintios 13:4-8.

 

INTRODUCCION: Si hay algo que le ocurre a la gran mayoría de los matrimonios tanto cristianos como no cristianos, es que de pronto se percatan que “Las cosas no se dieron como se pensaba...”, o que simplemente “ya no se quieren, se les acabo el amor”. Sin embargo, los cristianos tenemos una ventaja: cuando se muere el amor romántico que se mueve entre él va y viene de las emociones y sentimientos, surge el amor de Dios, en nuestros corazones y que nunca de dejar de ser. Dios nos ama; somos sus hijos y como Padre, se preocupa por el estado de nuestro matrimonio. Él desea socorrernos.

 

Proverbios 13:18. 18Pobreza y vergüenza tendrá el que menosprecia el consejo; Mas el que guarda la corrección recibirá honra. Muchas personas pasan por pobrezas y vergüenzas tan sólo por no poner oído atento al consejo del Señor. Cuando hablamos de la unión de dos personas que tienen a Cristo en su corazón y que, por tanto, han pasado de muerte a vida, ¿Qué se puede esperar de ellos? que a medida que el tiempo transcurre, mayor será la siembra para el Espíritu que para la carne.

 

Recordemos por un momento aquel amor que se encendió en nosotros cuando nos encontramos con la persona que creímos que llenaba todas nuestras expectativas. Nos llenamos de sueños, vinieron cartas, citas, regalos, un amor apasionado, etc. ¿Se compara o se asemeja con el amor de 1ª Corintios 13? Evidentemente, no. Por tanto, que la gente en el mundo, se divorcie, resulta comprensible. Difícilmente aceptarán el sufrimiento, rápidamente pensarán en “rehacer sus vidas”. Así no se puede tener al Señor en el corazón y no se tiene contemplado obedecer a Dios en ningún punto.

 

Para ellos la ceremonia religiosa no fue más que un trámite, un evento social para el ‘glamour’. En cambio, para un esposo o esposa creyente, no está contemplado el abandonar jamás a la mujer de su juventud. Proverbios 5:18-19. 18Sea bendito tu manantial, Y alégrate con la mujer de tu juventud, 19Como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo. El que se casa debe estar prevenido y preparado para soportar y ser soportado en muchas o muchísimas cosas. Ya no andar como otros andan ni en la vanidad de su mente.

 

Efesios 4:18-20. 18teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; 19los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. 20Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo. Consideremos esta palabra, aplicada a la vida matrimonial: Ya no tenemos el entendimiento entenebrecido, ya no se concibe la dureza en nuestro corazón. Hemos sido alumbrados por el Señor para que ahora se refleje la vida de Cristo en nosotros; es tiempo que se manifieste cuanto hemos aprendido en Él y con Él.

 

4:21. Si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados… Si no es así, entonces no nos extrañemos por tantos fracasos. Nada podemos esperar del “viejo hombre” (4:22), pero todo podemos esperarlo del “nuevo hombre” (4:24), que es Cristo en nosotros. Si esta palabra es aplicable a la iglesia en general, ¿Cuánto más lo será al matrimonio, donde verdaderamente somos miembros el uno del otro? (4:25).

 

Hay reuniones en la iglesia que se llenan de gloria, esas que deseamos que no terminen. el Espíritu Santo gobierna todo ¡Qué glorioso! Entonces, no lo contristemos más. Que pueda desplegar toda su gracia para hacernos crecer y avanzar, así en el matrimonio habrá cada vez menos amarguras, enojos, griterías, etc. Todos estos estorbos habrán sido quitados de los corazones que ahora están aprendiendo a vivir llenos del Espíritu Santo. Habrá la capacidad de humillarse y pedir perdón cuantas veces sea necesario, cada vez que tengamos testimonio de haber herido o defraudado a nuestra esposa o familia. Esta actitud les dará confianza, y serán así testigos del trabajo del Señor en el corazón del que se humilla. Sólo el carnal, el soberbio, no se humillará nunca. Efesios 5:1-2. 1Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. 2Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. ¡Que su matrimonio sea como una ofrenda de olor fragante!

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