Y LE OTORGO DIOS LO QUE PIDIO

1ª. Crónicas 4:10. 10 E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo !Oh, sí me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió. Y me libraras de mal es la cuarta parte de la oración de Jabes. Para todos nosotros, las cosas son diferentes en el sentido de las bendiciones, ya que pertenecen a otro nivel, poseen un carácter espiritual y celestial. Por ello es necesario pedir en oración que seamos guardados de la tentación y librados de todo mal que nos asecha, de cometer actitudes o hechos pecaminosos, también es nuestra responsabilidad huir de tales males. Siempre habrá una bendición para todos aquellos que la desean y están preparados para sacrificarse por obtenerla. Lo que tenemos que preguntarnos es si la deseamos lo suficiente como para adquirirla.

 

NOSOTROS PODEMOS OBTENER TODO TIPO DE BENDICIONES Y DISFRUTARLAS: Efesios 1:3. 3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. Dios nos ha bendecido con todas las bendiciones espirituales en Jesucristo y lo ha hecho de forma soberana. Jabes deseaba el ensanchamiento de su territorio. Esto tiene relación con el libro de Josué por el momento de tomar posesión de la tierra, allí que el pueblo de Dios se ensancharía. Una cosa era entrar en la tierra, y otra muy diferente poseerla. Dios le dijo a Josué esfuérzate y se valiente y que saliese a poseerla (1:6-7, 9). Era la tierra de ellos, Dios se la había dado, pero había que vencer a los enemigos y destruirlos antes de que pudieran disfrutarla. Había una intención detrás. En respuesta a Dios, había que ofrecerle los primeros frutos de la tierra.

 

PARA QUE NO ME DAÑE o (para que no me cause DOLOR): El Señor desea protegernos de todo esto, pero debemos caminar con él. Pero si confiamos y nos encomendamos al Señor, no abra más dolor. Tenemos a Jesús como nuestro buen pastor, y allí estamos seguros. Nada ni Nadie nos puede arrebatar de las manos del buen pastor o de las manos del padre. El estar en las manos del padre, tiene un poder infinito e invencible, y las ovejas se sienten perfectamente a salvo.

 

La gran mayoría de los cristianos tenemos la costumbre de orar para que se nos fortalezca para soportar las tentaciones del enemigo, y por la victoria sobre los ataques, pero sería mucho más correcto y de mayor bendición orar para que esas tentaciones no llegarán y que Dios mantuviera a raya al enemigo. La misma oración pronunciada por Jesús en el momento que sus discípulos le solicitaron enseñanza, él dedica casi una cuarta parte a solicitar liberación, (Mateo 6:13) “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”.

 

Dios responde las oraciones de los que le buscan: A veces nos encontramos con el problema de que las oraciones no reciben respuesta. En las escrituras hay ejemplos de oraciones así, pero deberíamos saber que si Dios contesta que no es porque en su infinita sabiduría ha dado ya una respuesta, ejerciendo el derecho que tiene de hacerlo. Pero Dios no deja de brindarnos su ayuda, como se la brindó al apóstol Pablo en 2 Corintios 12. Los recursos infinitos del reino y de la gracia permanecen siempre a nuestra disposición, aunque la respuesta sea negativa. Dios contestó claramente a Pablo y también le ofreció una salida: (2Corintios 12:9)”Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.

 

Pablo aceptó de buen grado la respuesta de Dios, ya que quería experimentar en su vida el poder maravilloso de Cristo y el de su resurrección. La oración de Jabes, que seguramente tiene mucho que enseñarnos, fue contestada. El versículo 10 acaba diciendo: “Y le otorgó Dios lo que pidió”. Dios escucha nuestras oraciones, estemos seguros de ello, especialmente en relación con las bendiciones espirituales y el crecimiento en la gracia. ¡Es el feliz mensaje que resuena con estas últimas palabras y nos anima a seguir el ejemplo de Jabes!

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