EL RESULTADO DE ESCUCHAR Y ACCIONAR

CITA BÍBLICA: Romanos 2:11-13. 11 porque no hay acepción de personas para con Dios. 12 Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; 13 porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.

 

El apóstol Pablo nos habla de su carta a la iglesia en Roma, escribe a los creyentes que Dios no hace acepción de personas, toda la Biblia es toda la Palabra de Dios que habla toda la verdad para todas las personas en todo momento de la historia. Pablo está hablando de dos grupos de personas, 1. Aquellos que nunca conocieron la Ley de Dios (Su Palabra, mandamientos y estatutos) y 2. Aquellos que sí la conocieron. Lo dice el v. 12: 12 Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; Para ambos grupos el común denominador o el tema es el mismo: todos seremos juzgados por nuestras acciones.

 

No seremos juzgados por si parecimos o no cristianos sino por si fuimos cristianos. En el día del juicio no tendrá valor alguno cuántos domingos fuimos a la iglesia, cuántas canciones cristianas cantamos, cuántas predicaciones escuchamos, de qué tamaño era nuestra Biblia ni cómo nos vestimos, etc. Todo se tratará de qué hicimos con la verdad de Dios a la que fuimos expuesta.

 

ES CUESTIÓN DE OBEDIENCIA: Pues el simple acto de escuchar la palabra no nos hace justos ante Dios. Es obedecer la palabra lo que nos hace justos ante sus ojos. Hay un dicho popular hispano que dice: “el camino del infierno está lleno de buenas intenciones”, ¡qué fuerte y cierta declaración! Se utiliza con sentido irónico para criticar a quienes no cumplen su palabra. Esto es como querer agradar a Dios, pero no hacer algo al respecto ¡no sirve de nada! Es como el marido que al ser sorprendido siendo infiel lo primero que dice es: ¡yo no quería serte infiel!, ¿realmente piensa que esa frase le servirá de algo? ¡Nuestras acciones hablan mucho más fuerte que nuestras palabras!

 

Jesús no solamente quiso, deseo e intentó venir a morir en la cruz por nosotros, Él ¡vino y lo hizo! No excusamos tras nuestras buenas intenciones pero la verdad es que una intención no es más que un acto que nunca se llevó a cabo. La vida cristiana no trata de intenciones, se construye con decisiones de fe tomadas cada día sin importar el precio que tengamos que pagar. Es nuestra obediencia la que nos hace justos delante de nuestro Dios, conocer la palabra no tiene valor sino la obedecemos, saber que existe Dios no sirve de nada si no decidimos leer su Palabra y pasar tiempo con Él para conocerle.

 

Jeremías 31:33. 33 Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios. Quienes hacen caso omiso de la ley escrita de Dios, muestran que conocen esa ley cuando, por instinto la obedecen, aunque nunca la hayan oído, pero por su propia conciencia y sus propios pensamientos o los acusan o les indican que están haciendo lo correcto. Dios es claro al mencionar que Él se encargó de escribir su ley en el corazón de cada persona, aún en el de aquellos que no le han conocido personalmente.

 

Por ejemplo, si usted hace algo malo, aunque nadie lo sepa siente que algo dentro de usted le acusa. Ahora, si hace algo honesto o integro, algo dentro de usted le dará una afirmación, como si le dieran una palmada de aprobación. ¡Es la ley de Dios escrita en tu corazón! En más de una ocasión he escuchado decir a personas que viven en rebeldía, inmoralidad o deshonestidad, admitir que algo dentro de ellos los hace sentirse mal por lo que hacen, algo les dice que habrá una consecuencia por sus acciones en esta vida o en la eternidad. Como cuando venimos a Cristo nos sentimos culpables.

 

2ª. Corintios 5:10. 10 Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. Es un evento que sucederá en Los Lugares Celestiales y es únicamente para los justificados, los hacedores de la ley serán justificados. Inmediatamente después del arrebatamiento para adornar y vestir a la novia preparándola para el encuentro con el esposo. Este juicio nos recompensará por la forma en que hayamos vivido. Este juicio es para recibir de Cristo, la recompensa por nuestro servicio y por la forma en que hayas vivido. Este juicio no es para el Impío, ya que será otro juicio y tampoco es para salvación, los pecados anteriores a la salvación no son contados, pero si como cristianos debemos rendir cuentas por la forma en que vivimos. Ahora que sucederá con...

 

QUIENES NUNCA HAN VISTO UNA BIBLIA: pero saben diferenciar entre lo bueno y lo malo serán juzgados por no haber tomado en cuenta ni siquiera las normas que su conciencia les dictaba. La venida de Cristo está muy cerca. El día del Juicio por medio de Cristo está muy cerca Ahora, no puedes tener vida secreta. Delante de Dios no hay secretos, no hay lugar donde podamos ocultarnos. Dios todo lo ve, todo lo sabe, está en todo lugar en todo momento. Nuestra vida secreta, ¡no es secreta para él! Podemos ocultar aquello que nos avergüenza o nos hace sentir culpable de otras personas, pero de Dios no.

 

PODEMOS INICIAR UNA VIDA EN LIBERTAD: sin secretos ni vergüenzas y está en entendiendo que Dios sabiendo que éramos pecadores ¡vino a morir por nosotros! Él no se sorprende con nuestras fallas porque ¡Él estuvo ahí cuando sucedieron! Jesús el Salvador vino a ser la alternativa a nuestra vida secreta por medio del perdón y restauración. La Palabra nos enseña que nada está secreto delante de Él, nuestra única alternativa es reconocer nuestros errores, arrepentirnos de rodillas delante de Él y comenzar una vida a su lado.

 

CONCLUSIÓN: Hoy es un buen día para comenzar, Dios está ahí junto a ti, de hecho, siempre lo ha estado; es un buen día para pasar de las buenas intenciones a las acciones y el compromiso; de no seguir añorando aquellos días en que sí leíamos la Biblia y lo buscábamos en oración para comenzar a repetirlos nuevamente. Hoy podemos pasar de ser oidores bien intencionados para convertirnos en hacedores entregados a la verdad del Evangelio.

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