Mi Hogar, Modelo del Carácter de Dios

 

CITA BIBLICA: 1ª. Pedro 1:15-16.

 

INTRODUCCION. Dios tiene un plan para con nosotros, nuestra familia y este plan incluye que            seamos su pueblo, un pueblo muy especial, escogido, apartado, con bendiciones muy especiales para cada uno. Dios desea que lo imitemos, que vayamos siendo transformados y pareciéndonos más a Él; quiere que adonde vayamos reflejemos Su gloria. Al ser una nueva creación, también nos ha dado una nueva naturaleza, nos ha dado poder para ser diferentes. Una de las funciones del Espíritu Santo es formar el carácter de Cristo en nuestras vidas.             Pablo dice que; no nos conformemos a los deseos de este mundo, sino a ser transformados mediante la renovación de nuestra mente y esto a través de la Palabra de Dios. Es nuestro deber crecer en semejanza a Cristo, nuestro modelo de conducta y carácter. Veamos algunas maneras en que podemos imitar a Cristo, en primer lugar, debemos imitar el carácter de Cristo.

 

EN MEDIO DEL SUFRIMIENTO.  1ª. Pedro 2:21-22. 21Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; 22el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca. Hay dos razones básicas del sufrimiento: Justas e injustas. Es Justo, cuando se trata de alguna consecuencia de nuestro pecado, de alguna necedad o de los efectos de vivir en un mundo imperfecto y lejos del temor de Dios. El apóstol no se refiere a nada de esto, Pedro se refiere a sufrir como resultado de hacer el bien. Cristo no cometió pecado; sin embargo, escogió sufrir para que nosotros pudiéramos ser libres. Tal vez tenga Ud. un esposo o padre irracional, descabellado, paradójico o difícil de complacer. Su actitud debe ser de confianza en Dios pues El sabe porque permite que esta persona esté por encima de Ud. en autoridad. La actitud correcta es confiar en que hay un juez justo que en su tiempo mostrará la justicia de cada ser humano. En medio de una sociedad corrompida por deseos de venganza, odio, resentimiento y rebelión a las autoridades, debemos estar dispuestos a sufrir por el bien mayor de los demás, incluyendo nuestra familia. Dios puede obrar mayores beneficios en las vidas de otras personas si nosotros decidimos seguir el ejemplo de Cristo en el sufrimiento. Alguien le preguntó a un creyente ¿Porqué sufren los justos? El respondió. ¿Y por qué no? Ellos son las únicas personas que pueden resistir. Otra área en la que podemos imitar a Cristo es:

 

EN EL SERVICIO. Juan 13.14-15. 14Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. 15Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. Al igual que Pedro, no hemos entendido la lección que Jesús enseñó a sus discípulos aquella noche de intimidad; que en el reino de los cielos es imposible dirigir sin estar dispuesto a servir. Es muy fácil y agradable servir a quienes consideramos que están por encima de nosotros, como nuestro jefe, el pastor, nuestros padres, alguna autoridad o alguna persona renombrada. Pero servir a quienes consideramos por debajo de nosotros como nuestros hijos, esposas, empleados en el caso de los maridos requiere de mucho esfuerzo; es un precio muy alto que pocos están dispuestos a pagar. Si Jesús está dispuesto a servir, cuánto más nosotros sus criaturas debemos imitarlo sirviendo de cualquier manera que glorifiquemos su Nombre.

 

Juan 13:1. 1…como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Dice que Jesús amó a sus discípulos hasta el fin. Los amó hasta en el último momento. Una posible traducción podría ser que los amó hasta lo sumo. Y eso es precisamente lo que Jesús demostró, un amor intenso, sacrificial y abnegado, es lo que necesitamos para servir a los demás, para servir a nuestra familia. Dios manda a servir a otros, hasta el punto de estar dispuestos a dar nuestra vida. Finalmente, podemos ser un modelo del carácter de Dios en:

 

EN LA PACIFICACIÓN. Colosenses 3.13. 13soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Qué palabras más pesadas a nuestros oídos y mucho más para nuestra voluntad. Somos vulnerables a las ofensas de los demás, al punto de que andamos siempre a la defensiva para no ser atacados, respondemos al instante de la misma manera en que somos agredidos. No queremos ser vistos como inferiores o débiles si no respondemos la ofensa. Queremos ser nosotros los que tengamos la última palabra. Y si no podemos salir triunfadores porque nos topamos con alguien más terco que nosotros, entonces abrigamos los perversos sentimientos de odio, resentimiento y amargura, que como dice Santiago comienza como una peligrosa raíz, pero al final llegan a contaminar a muchos. Muchas familias, esposos e hijos, hoy duermen y despiertan con; resentimiento y odio entre ellos y que en algún momento de sus vidas fueron agredidos y heridos.  En sus corazones hay sentimientos de venganza y rencor, y en consecuencia no viven en gozo y paz completos.

 

Hubo alguien que tuvo todos los motivos, para abrigar rencor, venganza y resentimiento, pero que se resistió a la idea de ser vencido por ellos y en lugar de eso decidió hacer lo impensable: perdonó. Jesús fue burlado, agredido, despreciado y traicionado mientras estuvo en la Tierra, pero en ningún momento dio muestras de ira hacia sus enemigos. En vez de agredir, él sanó; en vez de maldecir, él bendijo; en vez de atacar, se dejó atacar. ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo hacer lo mismo? Simple: nos hemos olvidado de cuánto Dios nos perdonó. Dios nos perdonó y promete que nunca más se acordará de nuestras ofensas; es más dice que las ha echado en el fondo del mar. ¿Le es difícil perdonar a alguien que se ha equivocado, un poco? Si Ud. lo compara con Dios, El le ha perdonado a Ud. muchísimo. Si le cuesta necesita reflexionar bastante en todo lo que significó la muerte para Cristo. Su perdón y amor infinitos seguramente le ayudará a amar y a perdonar a otros. No olvide: De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

 

CONCLUSION. Lo que hizo Cristo es nuestro máximo ejemplo: son como las pisadas en las que debemos poner nuestros pies, todos los días para caminar con seguridad. Si queremos ser luz del mundo, es necesario ser modelos del carácter de Dios, que nos ha sido revelado en su Hijo Cristo. Al vivir como Él traeremos gloria y nuestras vidas serán bendecidas ampliamente.

 

Dos hermanos que vivían en granjas juntas cayeron en un conflicto. Este fue el primer conflicto serio que tenían en 40 años de cultivar juntos, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en forma continua. Eso terminó repentinamente. Comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor entre ellos, hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de semanas de silencio. Una mañana alguien llamó a la puerta de Luís. Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero. Estoy buscando trabajo por unos días, dijo el extraño: quizá usted requiera algunas reparaciones y yo pueda ser de ayuda en eso.  Sí, dijo, mire al otro lado del arroyo aquella granja, ahí vive mi vecino, bueno, de hecho es mi hermano menor. La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros y con su tractor desvió el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros. Bien, quizá lo hizo para enojarme pero le voy a hacer una mejor. ¿Mira aquella pila de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más. El carpintero dijo: Comprendo la situación. Ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir por provisiones al pueblo. El carpintero trabajó duro todo el día. Cerca del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero justo había terminado su trabajo. El granjero quedo con los ojos completamente abiertos, su quijada se cayó. No había ninguna cerca de dos metros. En su lugar había un puente ¡un puente que unía las dos granjas a través del arroyo. Era una fina pieza de arte, con todo y pasamanos. En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a su hermano dijo: Eres un gran tipo; construir este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho. Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas. No, espera, le dijo el hermano mayor. Quédate unos cuantos días. Tengo muchos proyectos para ti. Me gustaría quedarme, dijo el carpintero, pero tengo muchos puentes por construir.

 

 

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