La Bendición que Enriquece

 

CITA BIBLICA: Proverbios 10:22; Deuteronomio 28:1-6.


INTRODUCCIÓN: En algunos de nuestros países existe una muy sana costumbre donde los padres enseñan a sus hijos a pedir la bendición. Muchos hijos no saldrían de sus hogares sin pedir la bendición. Quienes se formaron en ese ambiente, creen que la bendición posee una especie de cobertura para todo el día y que esta declaración tiene una especie de unción divina que lo cubrirá siempre. La otra bendición es la que acostumbramos a darnos los creyentes al momento de vernos o al despedirnos. Al decir bendiciones o Dios te bendiga, estamos deseando que un favor muy especial sea otorgado a la persona que saludamos. Por supuesto que no debiera hacerse de una manera mecánica, como un simple saludo. Por otro debemos saber que hay bendiciones que por venir de ciertos conjuros mágicos, de fuentes espirituales ocultas, empobrecen. Muchas personas sin saberlo están acarreando maldiciones por haber recibido alguna vez  una bendición de esos lugares. Así que fuimos llamados para ser herederos de  bendición; pero, ¿qué tipo de bendición? Consideremos la bendición que enriquece.

 

LA BENDICIÓN QUE ENRIQUECE TIENE UN ORIGEN DIVINO. Números 6:24-25. 24Jehová te bendiga, y te guarde; 25Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia. Jehová te bendiga y te guarde.  Esto es lo que se ha conocido como la bendición sacerdotal. Israel no conoció otra bendición que no fuera esta. El que la pronunciare un ministro del Señor como lo era el sacerdote, llevaba consigo los beneficios de una larga duración en el tiempo. Esta bendición está relacionada con la vida misma. Cuando Dios creó la primera pareja lo primero que hizo fue darles su bendición (Gn. 1:28). Tras esa bendición se le ordenó crecer y multiplicarse.  La bendición está acompañada de la fecundidad. Solo Dios puede crear vida, el hombre lo que ha hecho es una extensión de lo que ya Dios ha hecho. Y bajo esta bendición el hombre fue formado; la maldición le vino como consecuencia de su pecado. No fue sino por su desobediencia que todo sería maldito, incluyendo la tierra que luego tendría que labrar. Contar con la bendición de Dios es algo que nos hace vivir seguros todos los días. Después que Caín mató a su hermano Abel, le acompañó una maldición de la que nunca se separó  hasta la muerte. Sin embargo Enoc caminó en bendición, y agradó te tal manera a Dios, hasta ser el primer mortal que experimentó arrebatamiento al cielo. Un creyente genuino camina en esta bendición.

 
Haga resplandecer su rostro sobre ti. La bendición de Jehová se manifiesta en el rostro de la persona. ¿Cómo puede el rostro de Dios resplandecer sobre alguien? La NVI traduce: Dios te mire con agrado. El rostro del Señor es su gesto de favor y bondad hacia los que considera sus hijos. A través de su rostro descubrimos nuestro verdadero rostro, de vernos más como hijos y no como esclavos. Ese rostro no se hace a través de una máscara o careta.  No es hecho a través de una cirugía plástica. Cuando tenemos un encuentro con el Señor su bendición se refleja en  nuestro rostro cambiado. No hay feos en la iglesia. El resplandor de Dios lo hace hermoso. No importa las características que tenga su rostro: ancho, largo, chiquito, ovalado, negro, blanco, moreno… El asunto es que cuando alguien le vea pueda ver en usted un rostro distinto. Como Esteban, cuyos asesinos vieron el rostro de un ángel al morir. Usted es llamado para brillar. Si tiene esta bendición, su  rostro debería brillar.

 

LA BENDICIÓN QUE ENRIQUECE TRASCIENDE LO MATERIAL. La bendición de Dios es más que una cuenta bancaria. Lucas 12:15. 15Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Alguien dijo que “un hombre verdaderamente rico, es aquel cuyos hijos corren a sus brazos aun cuando tiene las manos vacías”. Si trabajamos solo para dejar bendiciones materiales a nuestros hijos, estaremos creando hijos sin principios ni valores. El asunto es que la bendición de Dios no se mide con los bienes materiales. Con sabiduría Jesús dijo: “no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. En la bendición de Dios hay algo más profundo y subjetivo que no depende de cuánto tenemos en las cuentas de ahorro o a la abundancia de posesiones de nuestras casas. Mas bien la promesa de la palabra nos dice: Isaías 44:3-4. 3Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos; 4y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas de las aguas. Si la bendición de Dios es derramada sobre el “sequedal” y sobre las “tierras áridas”, hemos de saber que lo que Dios nos da trasciende lo temporal y lo material. La bendición que enriquece no “añade tristeza con ella”, porque al venir de Dios, libra al hombre de las ansiedades y preocupaciones que lleva consigo el bienestar mal adquirido.

 

La bendición de Dios mira lo que no se ve. 2ª. Corintios 4:18. 18no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. Nos acostumbramos a contar las bendiciones por las cosas que poseemos. La vida de muchos hombres es parecida al “rico insensato”, quien después de haber acumulado tanto, le dijo a su alma: “Alma, muchos bienes tienes… repósate, come, bebe, regocíjate…” Lucas 12:19. Los que de esta manera viven no pueden ver las “cosas que no se ven”. No pueden ver las bendiciones espirituales que otros disfrutan, viviendo en una gran felicidad aunque estén desposeídos de todo. Pablo decía que las “cosas que no se ven son eternas”, por lo tanto son las que más debemos buscar. Pero también es un hecho que cuando buscamos primeramente el reino de Dios y su justicia, todas las cosas son añadidas. Si nuestra prioridad son las cosas espirituales, si estas bendiciones son las que más buscamos, no nos sorprendamos de cuantas bendiciones materiales Dios nos da. Las bendiciones de Dios trascienden el “agua” del pozo de Jacob. Las bendiciones de Dios van más allá de los panes y los peces. Las bendiciones de Dios ponen en libertad a los cautivos por causa del pecado.


LA BENDICIÓN QUE ENRIQUECE DEPENDE DE LA OBEDIENCIA. Deuteronomio 30:19.  19A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia. El pueblo de Israel nació bajo una bendición. Dios le pidió a  Abraham que saliera de su tierra natal para darle otra que fluía leche y miel. Como resultado de su obediencia, Dios le dijo que haría de él una nación grande para que fuera bendición a otros. Los que le bendijeran, Dios los bendecía; y los que le maldijeren, Dios le maldeciría. Desde entonces la bendición y la maldición han quedado para ser tomadas. Quien bendiga a Israel recibirá bendición, pero quien maldiga a este pueblo queda bajo maldición. Dios puso delante de su pueblo ambas cosas: la bendición y la maldición. La bendición si oían su voz, y la maldición si se apartaban de su palabra. Las promesas de la bendición no podían ser mejores. Cuando obedecemos a Dios, su bendición vendrá sobre la ciudad, el campo, el fruto del vientre, el fruto de la tierra, el fruto de las bestias. Habrá una bendición para la salida y la entrada.  La bendición vendrá sobre los graneros y sobre todo aquello que pusieres tu mano. El pondría a su pueblo por cabeza y por cola. Dios bendice la obediencia. Lo hizo ayer y lo hace hoy con sus hijos.

 

Deuteronomio 30:9-10. 9Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien; porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres, 10cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. Una y otra vez descubrimos por la palabra que Dios está altamente interesado en bendecirnos, pero que muchas veces no disfrutamos de su bendición por nuestra propia desobediencia. Aunque hemos dicho que las bendiciones de orden material no son las más importantes, no es menos cierto que nuestro Dios está muy interesado en aliviar nuestras cargas cotidianas y darnos bendiciones materiales como lo hizo con su pueblo en el pasado. Una revisión de la forma cómo Dios sostuvo a su pueblo nos indica que las bendiciones materiales responden a nuestro grado de lealtad y fidelidad a su palabra. Encontramos esta declaración: “Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda la obra de tu mano… cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios…”. Un asunto que nos revelan estos textos es que somos llamados a liberar esas bendiciones. La obediencia nuestra es la llave que libera las ventanas de bendición de las que el mismo Dios nos ha hablado. Hay bendiciones represadas en los almacenes divinos. Jesucristo dijo: “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre, pedid y se os dará…”. ¿Está librando esas bendiciones?

 

LA BENDICIÓN QUE ENRIQUECE ESTÁ  EN JESUCRISTO. Efesios 1:3. 3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Hay personas que se gozan porque tienen bendiciones materiales o de algún logro académico o hasta sentimental. Pero cuando venimos a Cristo, cada uno de nosotros ha sido dotado con “toda bendición”. No nos falta absolutamente nada y en Cristo encontramos la bendición de la gracia, contrario a las exigencias de la ley. En Cristo encontramos la bendición del perdón, contrario a la condenación del pecado. En Cristo encontramos la vida abundante, contraria a la muerte y destrucción.  Pero sobre todo, en Cristo encontramos la bendición de la vida eterna, contrario a la perdición que se hallará en el infierno. Bendecidos en los lugares celestiales. Las bendiciones de lo que somos objetos aquí en la tierra, ya tienen su repercusión en el cielo. Pero muchos que han sido perdonados y limpiados con la sangre de Cristo viven en las miserias y pareciera faltarles algo, de allí que vivan buscando nuevas experiencias. Viven inseguros, insatisfechos, sin gozo verdadero. ¿Dónde está Cristo ahora? ¡Al lado del trono de Su Padre! ¿Se había puesto a pensar que esa es también su posición? Esta es la bendición que enriquece. Isaías 58:11. 11Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.

 

 

HAZ CLICK PARA DESCARGAR